Sunday, July 05, 2009

LONDON HOME








Londres es una ciudad a la vez fascinante y agresiva. Siete millones de personas son demasiadas para convivir en un mismo espacio. Sin embargo, hay momentos y sitios que quiero destacar: En primer lugar, el sábado me fui con juanma y carol de paseo bicicletil por los canales londinenses(no sabía que los tuviera). La mezcla de vegetación, los canales y los paisajes industriales y decadentes me fascinó. Llegamos a Camden Town y comimos algo. Luego estuvimos dando vueltas por los mercadillos mientras el cielo se oscurecía con un manto de nubes negras. Llegamos a un punto en el que dos enormes estatuas robóticas (al estilo de "Metrópolis" custodiaban la entrada de una tienda. -¿Qué es esto?- le dije a juanma. -Esto es Cyberdog, una tienda cyberpunk. Los neones y colores fluorescentes se prodigaban con música techno de fondo. Ropa futurista, juguetitos y accesorios de todo tipo...me quedé una hora arrebatado mirándolo todo. Cuando íbamos a salir una tremenda tromba de agua y granizo nos lo impidió. El ambiente era completamente industrial; el humo, la gente, la lluvia, los edificios. Mientras nos tomábamos un "machiatto" Juanma-con el que comparto una fascinación por esta estética- me dijo: -"Esta noche vemos "Blade Runner", ¿No?- Luego, ya en la casa, estábamos tan "inspirados" que creamos una obra maestra de la videocreación cibernética llamada "Camden Robots"...La noche anterior habíamos estado en Whitechapel (otro barrio deliciosamente decadente) haciendo la ruta de Jack el destripador. Ese mismo día día un paseo con María(compañera de piso de Juanma) y su hermana Ana por Covent Garden con mucho encanto. Desde luego Londres es una ciudad muy cinematográfica con innumerables rincones que podrían ser escenarios de película. Pero lo que más me a gustado sin duda de todo el viaje ha sido el entorno humano que me he encontrado allí. Me refiero a la casa de Juanma y sus (fijos o temporales) habitantes. Juanma, María, Ana Smiley woman, Carol, mi tocayo Pablo...verdaderamente y no lo digo por decir, me he sentido como en casa. Esas cervecitas al caer la tarde en el patio, las cenitas que preparábamos, la barbacoa dominguera...se creó un ambiente relajado y agradable, en el que nadie pedía nada a nadie y todo el mundo daba...Muchas gracias otra vez por hacerme sentir que tengo un pequeño hogar en tan grande ciudad...

Tuesday, June 09, 2009

JOPUTAS

¿Existen las personas malas? ¿Se puede llegar al maniqueismo de decir que una persona es radicalmente buena o radicalmente mala? ¿No tendrían Charles Manson o Adolf Hitler momentos de buen rollo, de ternura? ¿Querrían a sus seres queridos? ¿Bush es una persona mala, un tonto, un loco, un infeliz, todo junto tal vez? No, no me malinterpretéis, no soy un inocente ni creo en la bondad esencial del ser humano. Quiero decir...esta claro que hay gente muy hija de puta, pero en muchas ocasiones esa gente me acaba dando pena, creo que su hijoputez es en realidad una debilidad, un defecto, una vulnerabilidad, un escudo para protegerse del mundo exterior, del que creen que acaba por atacarles siempre. En algún sitio escuché que un asesino (no se si un psicópata o no) era una persona que carecía totalmente de empatía, que era incapaz de ponerse en el lugar de otra persona. En los últimos tiempos he tenido ocasión de relacionarme con gente a la que podríamos llamar malas o , más coloquialmente unos hijoputas...(Para vuestra tranquilidad y la mía os diré que también me relaciono con gente estupenda y maravillosa...) Hipocresía, competitividad, falsedad, desconfianza, egoismo, son solo algunas de las características de estas personas...pero tras esa fachada de seguridad, de chulería, de suficiencia, en ocasiones solo veo al niño/a herido o apartado/a, al que decidió cogerse una pataleta vitalicia contra una sociedad que no le ha hecho caso, que siempre le echa las culpas de todo lo que le pasa al exterior y no sabe hacer autocrítica, ni aprender de sus errores, ni darse cuenta de que tiene cosas que solucionar. Al que cruza los brazos, y se pone contra la pared de por vida. Creo que esa gente vive constantemente amargada porque en el fondo no se soportan a si mismas, vamos, que no se aguantan. Solo que, en lugar de hacer propósito de enmienda y aprender la forma de mejorar, lo pagan con los demás, solo lo que está fuera de ellos está mal. Sólo son críticos y destructivos, nunca constructivos, colaboradores o conciliadores...

Wednesday, June 03, 2009

SAUCE

En mitad de la noche, me desperté con la cara pegada al sofá de sky. Vino a mi esa desorientación instantánea y pasajera de no saber donde estás, ni cuando. Me incorporé y observé una luz de emergencia encima de una amplia puerta que daba paso a un largo pasillo. Un olor a yodo y gasas, mezclado con un ligero hedor a orina flotaba en el ambiente. Al fondo la luz blanca y desganada que salía de una habitación terminó por confirmarme que estaba en un hospital. Di un pequeño paseo para estirar mis entumecidas articulaciones y decidí ir a ver como estaba ella. En la penumbra de la habitación sólo pude ver la silueta del acompañante del otro inquilino en la habitación, enroscado en un imposible escorzo sobre una oxidada butaca. También escuché el pitido de las máquinas conectadas a las personas, lo cual me recordaba al sónar de un submarino, sensación acrecentada por la atmósfera opresiva y oscura que reinaba en la habitación. Era como si estuviéramos en un estado intermedio entre la superficie-la vida- y las profundidades abisales-la muerte- y del que habría que emerger o sumergirse completamente en un momento determinado.

La tarde anterior estuve un rato junto a su cama. Su cuerpo estaba profanado por tubos diversos. Se incorporó; había recuperado la consciencia y parecía querer observarme un rato. Traté de establecer una conversación con ella, de animarla, pero prácticamente no conseguía articular palabras con sentido. Sin embargo me miraba fijamente con sus grandes ojos, aún más enormes tras los gruesos cristales de sus gafas. A pesar de su aspecto desolador, sus ojos se mostraban más vivos e interrogantes que nunca. Su pelo parecía aún más cano que días anteriores y su piel tenía un color amarillento, como desgastado. Las arrugas de su cara se plegaban sobre el contorno de su barbilla. Iba ataviada con la típica y avergonzante bata de hospital y en las muñecas tenía vendajes en los que se perdían los tubos, portadores de fluidos y medicinas. Me cogió la mano con la suya. Era huesuda y retorcida, una sensación parecida a la de acariciar la raiz de un sauce centenario. Pero a la vez era una mano hermosa, en la que casi se podía leer toda una vida. Acepté mi rol momentáneo de mero objeto a observar. De repente, como si hubiera tenido una iluminación, soltó mi mano y acarició mi flequillo con una delicadeza inaudita para su tembloroso pulso. Se recreo durante unos instantes.

-Tienes un pelo muy bonito- y esbozó un amago de sonrisa.

A las ocho de la mañana vino la mujer , bajita y silenciosa, que me relevaba en el turno. Cogí mis cosas y tras depositar un beso en su cara dormida, me marché. Al llegar a mi casa, me acosté a completar mis horas de sueño. Al despertarme me comunicaron que teníamos que volver al hospital de inmediato.

Wednesday, April 22, 2009

SWIMMING POOL


La piscina es un microcosmos muy peculiar. Me refiero a la piscina cubierta, donde la gente va a nadar y no la piscina dominguera de toda la vida, aunque bien pensado no son tan diferentes. Existe toda una tipología de personajes que suelen acudir a este tipo de lugares. En primer lugar están aquellos que se podrían llamar PROFESIONALES, personas que son capaces de estar nadando una hora sin parar ni un solo largo, que tal vez estuvieron a punto de dedicarse al deporte o hace años que lo practican. Este tipo de personas tiene un defecto y es que desmoralizan al resto del personal, bastante menos exigente y competitivo, o mejor dicho, bastante más quemados. En segundo lugar podríamos encontrar a los ABURRIDOS, personas mayoritariamente de edad adulta que van a la piscina como quien va al parque a darse una vuelta. No se marcan un número de largos a hacer, demasiado si hacen uno en todo el rato. Más que nadar, se meten un rato en remojo, miran a la gente, establecen conversaciones, conocen a casi todo el mundo. Y si hubieran palomas subacuáticas, les darían de comer, pitas, pitas. Esta tipología tiene una variante bastante repugnante que son LOS SALIDOS, la modernización del "Pepito Piscinas", gente que acude a ver carne en movimiento, cuerpos turgentes bajo el agua, culos torneados. Son bastante cantosos, pues siempre están ojo avizor y se les nota que tienen poca intención de nadar y menos aún de guardar la ropa...por último está la última categoría, en la que me incluyo, la de los RECONVERTIDOS; gente que ha estado muy quemada y que ha decidido en torno a la treintena hacer un poco de deporte. Todavía se sorprenden (nos sorprendemos) de hacer ejercicio y somos los más desmoralizados ante la categoría de los profesionales, pues como mucho hacemos seis largos seguidos. Tenemos cierta tendencia a pasar más tiempo en el reparador jacuzzi que nadando, pero bueno, algo es algo...

Tuesday, April 07, 2009

EL AHORA

Estoy leyendo un libro llamado "El poder del ahora", escrito por Eckhart Tolle. En la solapa del libro aparece una foto del tal Tolle, tiene un rostro rubicundo, con una barba sin bigote y una cara de duendecillo imposible de evitar. Se que muchos de vosotros recelaréis con el contenido del libro -si, sobre todo me refiero a ti, querido hermano- pero a mi me parece que tiene enseñanzas muy valiosas. Y además no promete, como otros, la felicidad, en todo caso la paz o la alegría. La tesis fundamental es que la gran mayoría de nuestras infelicidades, agobios, ansiedades, etc...vienen de que no somos capaces de disfrutar el momento presente. Por el momento presente me refiero al presente más inmediato, es decir, el momento en el que estoy escribiendo esta entrada o el momento en que la leeis vosotros. Existe un diálogo silencioso e interior en nuestro cerebro en el que casi siempre estamos volviendo al pasado o proyectándonos al futuro. Ese diálogo-o monólogo- impide que estemos presentes en la situación que tenemos en ese momento a nuestro alrededor. Estar presente en el presente. El libro no dice que no pensemos nunca en el pasado o en el futuro, sino que sobre todo estemos en el presente y hagamos pequeñas incursiones a los otros tiempos, y no al revés, como suele suceder. Pone un ejemplo muy curioso respecto a la invención humana del tiempo. Dice que si la tierra solo estuviera poblada por plantas y animales y le preguntaramos a un águila-por ejemplo- ¿Qué hora es? Este respondería: ¿Qué quieres decir? Es AHORA, ¿Que otra hora puede ser si no? Tampoco dice el libro que no pensemos, ni mucho menos, pero afirma que gran parte de lo que pensamos es improductivo y que cuando nos liberamos de ese ruido mental contínuo, nuestros pensamientos son más inspirados y creativos. Propongo un ejercicio; procurad centraros en el momento presente, fijaros en la luz, el volumen, la textura de las cosas. Escuchad el sonido a vuestro alrededor (o el silencio, aún mejor), notad vuestra respiración, como entra el aire en vuestros pulmones, sentid el tacto de objetos cotidianos, es una experiencia muy satisfactoria. De lo que se trata es de vivir cada momento presente...No recuerdo ahora quien dijo: "El hombre es una sucesión de momentos presentes"

Monday, February 16, 2009

TEMPLO

Después de varios meses paralizado tras no conseguir reestablecer mi contraseña- si, ya se que soy un inútil cibernético - retomo mi blog para regocijo de todos vosotros, fans sedientos, privados de mi prosa grácil y precisa durante tanto tiempo. A pesar de mi ausencia, el blog seguía ahí cuando volví, (espero que vosotros también) tal vez un poco más polvoriento, pero fiel y leal a mí, esperando en la oscuridad de unos y ceros al momento oportuno en que lo iluminara de nuevo, en que lo sacara de ese letargo digital. Y el asunto es que mi vuelta al blog coincide con un retorno geográfico, pues ayer por la noche volví de un suculento y clarividente viaje a La France, un viaje iniciático, una peregrinación si se quiere, pero no para adorar a un dios o a un santo, sino simplemente a un hombre, para empaparme de su sabiduría, de su conciencia cósmica y sobre todo, cómica. Ese hombre es Carlos Edmundo de Ory y su templo se encuentra en Thezy Glimont, a una hora escasa al norte de Paris. Thezy es un pueblo de dos calles, en una de las cuales se encuentra una casa de tres plantas con techos inclinados de pizarra y un jardín con un estanque helado, poblado en verano por ranas y en invierno por patos que graznan escandalosamente, como si se rebelaran en su condición de patos. La casa de Thezy es un templo donde no hay imágenes de Santos o Vírgenes, pero si otra iconografía, (desde luego más laica, y por lo tanto más fascinante), compuesta por totems mágicos como máscaras, figuras orientales, muñecos, cajas de música, cuadros y soldaditos de plomo. Cada esquina susurra una historia al oido del visitante-seglar. El Gurú por supuesto es Carlos E De Ory y su Suma sacerdotisa Laura Lacheroy, su mujer. En este templo no se castiga el pecado, sino que se celebra con una risa mojada de vino. En este templo la culpa se sustituye por el amor, que es lo mismo que la amistad, conviene recordar. Los salmos se convierten en chistes. El dolor y el arrepentimiento se transforman, una vez más por arte de magia, en libros que abrigan cada rincón. Por supuesto se comulga, pero el pan y el vino se acompañan en este caso con queso camembert y paté, acaso con aceitunas y altramuces. La frialdad propia de los muros de las iglesias se torna en calor físico y en calor humano, el que proporcionan Carlos y Laura con su generosa hospitalidad, con su familiaridad natural y espontanea, desprovista de artificios. La única similitud exacta con las otras iglesias es que cuando uno se marcha de la casa de Thezy, desde luego puede marcharse en paz.

Sunday, November 30, 2008

VIAJE



Tarde del primer Domingo de Otoño. Una estación de tren, iluminada débilmente por la luz de un sol tapado por nubes. Un grupo de viajeros espera la llegada del tren en el andén. Las caras, sobre todo las de las personas que van solas, delatan el tedio ante la inminente y progresiva llegada de la rutina semanal. Una pareja de novios jóvenes baja por la escalera mecánica. Ella lleva un jersey turquesa sin mangas y una revista de televisión enrollada. El es grueso y tiene manchas rosáceas en la cara, como algún tipo de eczema. El orienta su cara, busca su boca. Ella, viendo que ya no puede hacerse más la distraída, le da un beso desganado y rápido, como quien bosteza.
En el andén, un gitano con la piel estampada de tatuajes y una camiseta de Bruce Lee me mira con desconfianza, como si mi cara fuera un enigma. Esa desconfianza se hace más evidente cuando saco mi cuadernito y comienzo a escribir estas palabras. Una mujer con gafas y un rostro impersonal mira al infinito, no puede ocultar un mohín de asco en su cara, dando muestras evidentes de que le repugna todo lo que la rodea e incluso, debido a su mirada perdida, lo que está más allá. No se sabe si le repugna lo que acaba de pasar o lo que está por venir.
Ya en el interior del tren, hay procesiones silenciosas de personas en busca de su asiento. La gente procura no mirarse a la cara, incómoda; comienza un baile de viajeros que se reclaman sus lugares. Unos se levantan y otros los ocupan. No hay grandes discusiones al respecto. Todo el mundo se resigna, sumiso, a su destino. Al lado de mi asiento hay un hombre con la cabeza rasurada y un halo de timidez, que lee un libro con serenidad. Enfrente, cuatro chicas jóvenes, probablemente estudiantes. Juegan con mechones de pelo, hablan de sabores de helados y se pasan una bolsa con gominolas. Llevan pulseras con cuentas de colores y tienen acento de pueblo. Un viaje, a pesar del traqueteo que casi hace ilegible mi caligrafía, siempre es propicio para escribir. Cuando escribo parece que lo veo todo desde fuera, me convierto en espectador invisible, o eso creo.
Levanto la mirada y veo el paisaje; el hombre de al lado ha interrumpido la lectura y ha cerrado los ojos. Es un hombre que se muestra serio incluso a la hora de dormir, pues está erguido, con la boca cerrada. Me pregunto si al escribir esto soy un escritor o un mero enumerador, un catalogador de lo que sucede a mi alrededor, pues no invento nada ni añado elementos de ficción. Me parece que si lo hago sería como traicionarme , como traicionar a la realidad, pero supongo que a fin de cuentas escribir es eso: tomar cosas de la realidad para luego transformarla, para contaminarla de ficción. Realidad y ficción no pueden existir la una sin la otra, se necesitan para hacer algo medianamente bueno.
El hombre de al lado ha vuelto a la lectura. Y yo no consigo desembarazarme de esta sensación de irrealidad que interpone un velo entre las cosas y yo, o que, tal vez al contrario, me hace ver las cosas con más crudeza.