Wednesday, April 22, 2009

SWIMMING POOL


La piscina es un microcosmos muy peculiar. Me refiero a la piscina cubierta, donde la gente va a nadar y no la piscina dominguera de toda la vida, aunque bien pensado no son tan diferentes. Existe toda una tipología de personajes que suelen acudir a este tipo de lugares. En primer lugar están aquellos que se podrían llamar PROFESIONALES, personas que son capaces de estar nadando una hora sin parar ni un solo largo, que tal vez estuvieron a punto de dedicarse al deporte o hace años que lo practican. Este tipo de personas tiene un defecto y es que desmoralizan al resto del personal, bastante menos exigente y competitivo, o mejor dicho, bastante más quemados. En segundo lugar podríamos encontrar a los ABURRIDOS, personas mayoritariamente de edad adulta que van a la piscina como quien va al parque a darse una vuelta. No se marcan un número de largos a hacer, demasiado si hacen uno en todo el rato. Más que nadar, se meten un rato en remojo, miran a la gente, establecen conversaciones, conocen a casi todo el mundo. Y si hubieran palomas subacuáticas, les darían de comer, pitas, pitas. Esta tipología tiene una variante bastante repugnante que son LOS SALIDOS, la modernización del "Pepito Piscinas", gente que acude a ver carne en movimiento, cuerpos turgentes bajo el agua, culos torneados. Son bastante cantosos, pues siempre están ojo avizor y se les nota que tienen poca intención de nadar y menos aún de guardar la ropa...por último está la última categoría, en la que me incluyo, la de los RECONVERTIDOS; gente que ha estado muy quemada y que ha decidido en torno a la treintena hacer un poco de deporte. Todavía se sorprenden (nos sorprendemos) de hacer ejercicio y somos los más desmoralizados ante la categoría de los profesionales, pues como mucho hacemos seis largos seguidos. Tenemos cierta tendencia a pasar más tiempo en el reparador jacuzzi que nadando, pero bueno, algo es algo...

Tuesday, April 07, 2009

EL AHORA

Estoy leyendo un libro llamado "El poder del ahora", escrito por Eckhart Tolle. En la solapa del libro aparece una foto del tal Tolle, tiene un rostro rubicundo, con una barba sin bigote y una cara de duendecillo imposible de evitar. Se que muchos de vosotros recelaréis con el contenido del libro -si, sobre todo me refiero a ti, querido hermano- pero a mi me parece que tiene enseñanzas muy valiosas. Y además no promete, como otros, la felicidad, en todo caso la paz o la alegría. La tesis fundamental es que la gran mayoría de nuestras infelicidades, agobios, ansiedades, etc...vienen de que no somos capaces de disfrutar el momento presente. Por el momento presente me refiero al presente más inmediato, es decir, el momento en el que estoy escribiendo esta entrada o el momento en que la leeis vosotros. Existe un diálogo silencioso e interior en nuestro cerebro en el que casi siempre estamos volviendo al pasado o proyectándonos al futuro. Ese diálogo-o monólogo- impide que estemos presentes en la situación que tenemos en ese momento a nuestro alrededor. Estar presente en el presente. El libro no dice que no pensemos nunca en el pasado o en el futuro, sino que sobre todo estemos en el presente y hagamos pequeñas incursiones a los otros tiempos, y no al revés, como suele suceder. Pone un ejemplo muy curioso respecto a la invención humana del tiempo. Dice que si la tierra solo estuviera poblada por plantas y animales y le preguntaramos a un águila-por ejemplo- ¿Qué hora es? Este respondería: ¿Qué quieres decir? Es AHORA, ¿Que otra hora puede ser si no? Tampoco dice el libro que no pensemos, ni mucho menos, pero afirma que gran parte de lo que pensamos es improductivo y que cuando nos liberamos de ese ruido mental contínuo, nuestros pensamientos son más inspirados y creativos. Propongo un ejercicio; procurad centraros en el momento presente, fijaros en la luz, el volumen, la textura de las cosas. Escuchad el sonido a vuestro alrededor (o el silencio, aún mejor), notad vuestra respiración, como entra el aire en vuestros pulmones, sentid el tacto de objetos cotidianos, es una experiencia muy satisfactoria. De lo que se trata es de vivir cada momento presente...No recuerdo ahora quien dijo: "El hombre es una sucesión de momentos presentes"

Monday, February 16, 2009

TEMPLO

Después de varios meses paralizado tras no conseguir reestablecer mi contraseña- si, ya se que soy un inútil cibernético - retomo mi blog para regocijo de todos vosotros, fans sedientos, privados de mi prosa grácil y precisa durante tanto tiempo. A pesar de mi ausencia, el blog seguía ahí cuando volví, (espero que vosotros también) tal vez un poco más polvoriento, pero fiel y leal a mí, esperando en la oscuridad de unos y ceros al momento oportuno en que lo iluminara de nuevo, en que lo sacara de ese letargo digital. Y el asunto es que mi vuelta al blog coincide con un retorno geográfico, pues ayer por la noche volví de un suculento y clarividente viaje a La France, un viaje iniciático, una peregrinación si se quiere, pero no para adorar a un dios o a un santo, sino simplemente a un hombre, para empaparme de su sabiduría, de su conciencia cósmica y sobre todo, cómica. Ese hombre es Carlos Edmundo de Ory y su templo se encuentra en Thezy Glimont, a una hora escasa al norte de Paris. Thezy es un pueblo de dos calles, en una de las cuales se encuentra una casa de tres plantas con techos inclinados de pizarra y un jardín con un estanque helado, poblado en verano por ranas y en invierno por patos que graznan escandalosamente, como si se rebelaran en su condición de patos. La casa de Thezy es un templo donde no hay imágenes de Santos o Vírgenes, pero si otra iconografía, (desde luego más laica, y por lo tanto más fascinante), compuesta por totems mágicos como máscaras, figuras orientales, muñecos, cajas de música, cuadros y soldaditos de plomo. Cada esquina susurra una historia al oido del visitante-seglar. El Gurú por supuesto es Carlos E De Ory y su Suma sacerdotisa Laura Lacheroy, su mujer. En este templo no se castiga el pecado, sino que se celebra con una risa mojada de vino. En este templo la culpa se sustituye por el amor, que es lo mismo que la amistad, conviene recordar. Los salmos se convierten en chistes. El dolor y el arrepentimiento se transforman, una vez más por arte de magia, en libros que abrigan cada rincón. Por supuesto se comulga, pero el pan y el vino se acompañan en este caso con queso camembert y paté, acaso con aceitunas y altramuces. La frialdad propia de los muros de las iglesias se torna en calor físico y en calor humano, el que proporcionan Carlos y Laura con su generosa hospitalidad, con su familiaridad natural y espontanea, desprovista de artificios. La única similitud exacta con las otras iglesias es que cuando uno se marcha de la casa de Thezy, desde luego puede marcharse en paz.

Sunday, November 30, 2008

VIAJE



Tarde del primer Domingo de Otoño. Una estación de tren, iluminada débilmente por la luz de un sol tapado por nubes. Un grupo de viajeros espera la llegada del tren en el andén. Las caras, sobre todo las de las personas que van solas, delatan el tedio ante la inminente y progresiva llegada de la rutina semanal. Una pareja de novios jóvenes baja por la escalera mecánica. Ella lleva un jersey turquesa sin mangas y una revista de televisión enrollada. El es grueso y tiene manchas rosáceas en la cara, como algún tipo de eczema. El orienta su cara, busca su boca. Ella, viendo que ya no puede hacerse más la distraída, le da un beso desganado y rápido, como quien bosteza.
En el andén, un gitano con la piel estampada de tatuajes y una camiseta de Bruce Lee me mira con desconfianza, como si mi cara fuera un enigma. Esa desconfianza se hace más evidente cuando saco mi cuadernito y comienzo a escribir estas palabras. Una mujer con gafas y un rostro impersonal mira al infinito, no puede ocultar un mohín de asco en su cara, dando muestras evidentes de que le repugna todo lo que la rodea e incluso, debido a su mirada perdida, lo que está más allá. No se sabe si le repugna lo que acaba de pasar o lo que está por venir.
Ya en el interior del tren, hay procesiones silenciosas de personas en busca de su asiento. La gente procura no mirarse a la cara, incómoda; comienza un baile de viajeros que se reclaman sus lugares. Unos se levantan y otros los ocupan. No hay grandes discusiones al respecto. Todo el mundo se resigna, sumiso, a su destino. Al lado de mi asiento hay un hombre con la cabeza rasurada y un halo de timidez, que lee un libro con serenidad. Enfrente, cuatro chicas jóvenes, probablemente estudiantes. Juegan con mechones de pelo, hablan de sabores de helados y se pasan una bolsa con gominolas. Llevan pulseras con cuentas de colores y tienen acento de pueblo. Un viaje, a pesar del traqueteo que casi hace ilegible mi caligrafía, siempre es propicio para escribir. Cuando escribo parece que lo veo todo desde fuera, me convierto en espectador invisible, o eso creo.
Levanto la mirada y veo el paisaje; el hombre de al lado ha interrumpido la lectura y ha cerrado los ojos. Es un hombre que se muestra serio incluso a la hora de dormir, pues está erguido, con la boca cerrada. Me pregunto si al escribir esto soy un escritor o un mero enumerador, un catalogador de lo que sucede a mi alrededor, pues no invento nada ni añado elementos de ficción. Me parece que si lo hago sería como traicionarme , como traicionar a la realidad, pero supongo que a fin de cuentas escribir es eso: tomar cosas de la realidad para luego transformarla, para contaminarla de ficción. Realidad y ficción no pueden existir la una sin la otra, se necesitan para hacer algo medianamente bueno.
El hombre de al lado ha vuelto a la lectura. Y yo no consigo desembarazarme de esta sensación de irrealidad que interpone un velo entre las cosas y yo, o que, tal vez al contrario, me hace ver las cosas con más crudeza.

Saturday, November 15, 2008

CARACTERES

Un día el cero, aburrido de su naturaleza vacía, decidió que estaba harto de no ser nada. Se convenció de que nunca más estaría a la izquierda y con gran valentía por su parte, empezó a representar cosas, unidades. El uno, al verlo actuar y preso de una cierta envidia muy característica de los números, reflexionó por unos momentos y se dio cuenta de que le hastiaba ser el uno. Siempre por delante de todos, teniendo que soportar la presión de ser el número uno, el primero. Siempre teniendo que dar la imagen de unidad (pues esa era su supuesta naturaleza) aunque el bien sabía que su alma no se reducía a eso, que escondía al menos una duplicidad (quien sabe si una triplicidad) que le llevaba a ser menos uno algunos días y más uno otros. El dos fue más allá (en sentido metafórico; no es que llegara al tres) y pensó que estaba harto de ser número, que tal vez no le disgustaría ser letra, a las que consideraba mucho más versátiles y elegantes, menos aburridas. A fin de cuentas el dos siempre había tenido pretensiones artísticas y según se lo planteaba, al ser letra tal vez podría ser una pequeña parte de una gran obra, quien sabe si una novela o un tratado de filosofía que impactara a la humanidad. Pero el dos también era vago, como buen artista en potencia, y por no hacer mucho esfuerzo, decidió convertirse en zeta, bastante parecida a su ser en lo que a morfología se refiere.

El tres se sentía muy atraído por otro tres de formas muy redondeadas, de manera que al consumar su unión formaron un ocho perfecto, comprendiendo así que la suma de tres más tres no siempre da seis. El cuatro, siempre sumiso, y alertado por este inesperado motín numérico, se acogió a su derecho de seguir siendo cuatro. A fin de cuentas no sabía ser otra cosa y el suyo siempre le había parecido un buen empleo, con cierto prestigio histórico. El cinco tuvo una crisis de identidad bastante profunda, se replanteó muchas cosas. No le gustaban las bromas fáciles (en forma de rimas burdas) que hacían a su costa, deseaba ser otro, al menos algunos días. No es que quisiera cambiar por completo, sino renovarse un poco. No quería cambiar de personalidad sino cambiar de carácter. Una tarde de invierno llegó a la siguiente conclusión: “Yo no soy el cinco; hasta ahora he sido el cinco”. Sonrió un poco y siguió: “Ahora que ya lo sé, puedo ser lo que quiera ser…”. El seis por su parte decidió volverse un poco loco, cambiar de perspectiva. Se dio la vuelta y se convirtió en nueve. El siete se cansó. Era tal vez el número más famoso de todos y en gran medida, el número de la suerte de mucha gente. Pero eso, lejos de causarle alegría, le suponía una presión añadida que no estaba dispuesto a soportar por más tiempo. Todos le idolatraban y aclamaban como al número perfecto, pero el se sentía con derecho a ser imperfecto, pues estaba bien al corriente de sus numerosas debilidades y de hecho llegaba a la conclusión en sus ratos libres de que la perfección era un concepto imperfecto, irreal. Hizo las maletas y se marchó sin destino aparente, siempre disfrazado para no ser reconocido como siete.

Al ocho, recordemos, le fue robada su identidad por los enamoradizos y caprichosos tres. Ante tal usurpación, se vio descolocado, fuera de la secuencia numérica. Durante un tiempo cayó en la depresión más absoluta y se pasaba el día tumbado, sin dar un palo al agua, sin saber qué demonios hacer con su existencia. Cierta tarde, la pareja de tres fue a hacerle una visita sorpresa, lo que el ocho agradeció como un gesto de tacto y buen gusto. Sin embargo, el ocho, muy venido a menos, se quejaba, lastimero, de su desgracia. Hasta que uno de los tres le hizo ver la luz: “¿No te das cuenta?-le dijo con el rostro iluminado (Y aquí ustedes se preguntarán como es el rostro de los números. Pues bien, los números tienen cara y es muy parecida al rostro de los colores) “¿No te das cuenta de que ya has elegido tu nueva ocupación? ¡Eres un ocho tumbado! ¡Por lo tanto, eres el signo del infinito! ¡Puedes llegar hasta donde quieras, más allá y después más todavía! ¡Tus posibilidades son ilimitadas!” El ocho recapacitó unos segundos y su pecho se llenó de esperanza, como si inspirara una interminable bocanada de aire fresco. Por un momento tuvo la tentación de levantarse, pero se dio cuenta de que no era muy apropiado para su nueva condición. Besó a ambos tres y los despidió con infinito agradecimiento, ilusionado por comenzar inmediatamente su nueva etapa como máximo representante de lo infinito. El nueve estaba harto de ser el último de la fila y se sentía agarrotado, como anquilosado en su tarea. Se desperezó y al estirarse se miró en el espejo. Se dio cuenta de que tenía un aspecto muy parecido al del uno. Al poco tiempo hablaron y se intercambiaron los roles, con gran regocijo para ambos. El uno podía representar hasta nueve unidades y el nueve se centraría en su tarea de uno. Después de esta pequeña revolución numérica y tras una relativamente breve transición, las cosas fueron mucho mejor.

Saturday, November 08, 2008

VAMPIROS CATÓDICOS


Ahora que estoy trabajando en un programa de sucesos, o mejor dicho, de crímenes, me da por pensar el morbo que genera este tipo de contenidos. (Para los que no lo sepan estoy currando de guionista en "El rastro del crimen" , Martes medianoche en Antena 3) Es curioso porque aunque lo echan de madrugada, lo que se llama un "late night", el programa tiene una audiencia bastante considerable, superior a la serie que le precede. Y es que los asesinatos, la muerte nos causa una atracción parecida a la del abismo. La sangre, que corre por nuestro interior rutinariamente, nos fascina cuando sale al exterior. La locura de los asesinatos nos recuerda lo cerca que estamos los "cuerdos" de esa locura. Y de hecho el programa funciona con la "Teoría del tiburón". Se pone un cebo para enganchar al espectador al comienzo del reportaje, prometiéndole la sangre que se mostrará al final y que finalmente se muestra, en una especie de orgasmo hemoglobínico. El caso es que funciona. Como el porno o los programas de teletienda, tiene su público fiel. La carne, la sangre vende. Es curioso porque el otro guionista y yo, que nos encargamos de darle un aspecto cinematográfico a las "reconstrucciones" de los asesinatos, nos reimos mucho. Supongo que es un mecanismo de defensa, de una coraza ante las barbaridades que se ven, se leen y se escuchan. La risa siempre ha sido un arma muy eficaz para distanciarse de estas cosas. Realmente yo no los veo como casos reales, sino como películitas de terror de serie b o z. Y lo peor de todo (o lo mejor, visto desde el prisma de mi cuenta corriente) es que siempre habrá escalofriantes temas e historias para cebar esa sed de sangre tan humana.

Sunday, October 19, 2008

ALMAS EN VENTA

La lluvia nos abriga, nos invita al noble deporte de sofaleo combinado con mantita. Y encima en el sacrosanto día del señor, más casero y proclive a la pereza que ninguno...lo cual me hace pensar que bajo mi casa, en la calle, hay una iglesia evangelista de nigerianos.(Ya ves tu mi asociación de ideas) Los domingos se pasan el día entero reencontrándose con el señor. El señor en cuestión es un pastor (pero no de los de cabras) con muy mala cara, que arenga con una jerga mezcla de francés, inglés y nigeriano (digo yo), llamado Ndiaze Muwambe. El señor Muwambe tiene la poca verguenza de anunciarse en unos carteles (de ahí lo de la mala cara) con una (supuesta) cita de la Biblia en la que se asegura que el pastor Muwambe se presentaría en la ciudad de Sevilla -que casualidad- para ser el profeta supremo. Al margen de esto, parece una religión muy animada y marchosa; tienen bateria y guitarra eléctrica y practican unos cánticos entre festivos y de mal rollito, como de ceremonia vudú...Y siguiendo con mi particular asociación de ideas, hoy viene en El Pais un artículo muy interesante sobre Robert Johnson (foto), otro pastor, solo que arengaba con acordes, uno de los más grandes guitarritas de blues de la historia, que murió envenenado con estricnina con tan solo veintisiete añitos...Cuenta la leyenda que Robert, un guitarrista sin talento alguno, se encontró una noche con el Diablo en un cruce de carreteras y le vendió su alma a cambio de un talento prodigioso. Cuentan también que Johnson desapareció unos meses y cuando volvió a aparecer tocaba la guitarra como los ángeles (del infierno, se entiende). La verdad es que a mi lo de vender mi alma me da cierta pereza y más viendo lo rápido que se la cobró el Innombrable; tiene que ser muy aburrido ser sólo un cuerpo andante sin alma que lo sostenga, como un eterno domingo tarde. Ya puestos prefiero vender un pie o un dedo, aunque claro, esto solo daría para un poquito de talento, una tarde gloriosa o en mi caso una frase, un párrafo genial, el adjetivo preciso en el lugar preciso. O no vender tu alma, más bien alquilarla por una temporadita, sembrar el mal y todo eso y luego volver a tu estado humano, que es como más cómodo se está, sobre todo los domingos en zapatillas y en tu sofá. Pero me temo que es imposible; es lo que tiene ser el Diablo: acojonas tanto que nadie se atreve a negociar las condiciones. Lo cual me recuerda algo...

Saturday, October 11, 2008

EL ABISMO NEGRO


Ayer por la noche, mientras un extraño viento arenoso azotaba Sevilla, me ví "El abismo negro", una no menos extraña película de ciencia ficción producida por Disney en 1979. En ella se cuenta como una nave contacta con la Cygnus, otra nave dada por perdida hace veinte años y situada en las cercanías de un inmenso agujero negro. Al comienzo parece que la Cygnus solo esta tripulada por robots, pero pronto descubrimos la figura del Dr Reinhart(por supuesto con apellido extranjero), clásico "Mad doctor" que ha creado una raza de humanoides y que tiene la genial idea de adentrarse en el abismo negro , en el cual "el tiempo y el espacio no funcionan como los conocemos". La película es mala a rabiar y además esta protagonizada por viejas glorias de Hollywood como Anthony Perkins, Ernest Borgnine o Maximilian Schell, que enfundados en monos, tienen que dar la réplica a un robot de bondadosos ojos llamado Vincent. (A pesar de que la película es más oscura de lo que se podía esperar, había que meter el empalagoso toque Disney). Aún así tiene un aspecto visual muy interesante y bastante adelantado para su época, sobre todo en la recreación de la nave Cygnus. Pero como la peli es aburrida y acartonada, me dió por pensar en el tema de los agujeros negros. Y no sé porque, lo relacioné con el tema de moda en el mundo, la crísis económica, que me parece genialmente retratado en una viñeta que publicó El Roto hace unos días. En ella había dos brokers frente a un ordenador y uno le decía al otro: "La gente esta furiosa con la situación". El otro responde: "¡Y eso que no saben cuál es la situación!". Pues eso, que la ignorancia en temas de economía esta provocando una especie de paranoia a todos los niveles, que hace que se recorten sueldos, se retiren fondos de los bancos, se despida a gente, etc...Esto hace que nos interesemos en temas que -al menos yo- antes pasábamos de largo al leer el periódico, claro que a lo mejor es porque el tema ocupa casi todo el periódico. La crisis es como un agujero negro que lo absorbe todo y tal vez cuando pase, cuando hayamos cruzado este agujero, el tiempo y el espacio -el sistema capitalista como lo conocemos- no funcionarán igual. Por último me queda una inquietud: ¿Os habéis fijado que la crisis practicamente ha coincidido con la puesta en marcha de nuestro amigo el Acelerador de hadrones?...

Wednesday, September 17, 2008

LÉXICO DEL SALUDO

Son curiosas las convenciones sociales, la forma que tenemos codificada para relacionarnos con los otros humanos. De esta forma he realizado una clasificación graduada. Aquí entran factores como la familiaridad con la persona saludada, el tiempo que hace que no se ven, el deseo de encontraselo/a o el simple grado de cariño que tiene la persona en cuestión.


-Saludo leve: Cuando te cruzas con alguien por la calle a quien apenas conoces de vista o con quien has perdido mucho trato. Se saluda con un movimiento de cabeza, impulsada por el cuello. De hecho hay veces que sólo hay un reconocimiento visual y alguno de los dos, o los dos, se hace el loco, mirando hacia un lado o hacia el frente. En Cádiz este cabeceo salutatorio se puede acompañar con un expresivo "Aaay", "Qué pasa, quillo" o "Hasta luego" y una sonrisa más o menos sincera. Es genial cuando alguien te saluda, le devuelves el saludo y no tienes ni pajolera idea de quien es...


-Saludo formal: Se da cuando decides pararte, aunque sean pocos segundos, y se saluda con la mano, si es entre hombres, o con dos castos besos en la ecuación hombre-mujer o mujer-mujer. Hay una variante que es cuando hace mucho que no ves a alguien pero no tienes gran confianza. Entonces hay dos opciones; o bien le coges su mano con las dos tuyas, o bien le das unas palmaditas opcionales en la espalda.


-Saludo coloquial: Se da entre gente joven, por herencia de series y películas americanas. Se hace chocando las manos. Cuanto más sonoro sea el palmetazo, mayor éxito en el saludo.


-Saludo efusivo: Este se caracteriza por dos besos y un abrazo sincero en el que se aprietan los cuerpos, acaso para sentir la energía del otro, acaso para restregarse un tanto... Hay un gesto que me hace mucha gracia y es cuando hace mucho tiempo que no se ven dos personas queridas y hay un cariño sincero. Entonces el abrazo se acompaña de un balanceo sincopado de las dos personas, primero una pierna, luego la otra, y un optativo y sentido "Ay, ay, ay".


-Saludo histriónico: No soy muy partidario de este saludo; incluye pequeños saltos, hacer un corro espontáneamente, gritar, etc...como si un equipo de fútbol celebrara un gol. Claro que suele ir acompañado de una ingesta de alcohol considerable.

-Saludo amoroso: Entre dos amantes, incluye un abrazo como si quisieras atravesar a la otra persona, el consiguiente morreo y ocasionalmente, coger a la otra persona en brazos, levantarla del suelo.
Adios.




Saturday, September 06, 2008

EL CORAZÓN EN LA PUPILA

Tal vez me consideren un presuntuoso, un loco vanidoso o simplemente un individuo fantasmal si les cuento que cada día, en el camino que separa mi casa de la boca de metro que me escupe en mi lugar de trabajo, le hago el amor a unas diez, tal vez quince hermosas mujeres de las que nunca me podré olvidar y a las cuales nunca conoceré.

Si piensan todo esto de mi y de paso tal vez me consideran un sádico o pervertido sexual, están en lo cierto. Con una pequeña diferencia: yo soy más superdotado que disminuido. Tengo una cualidad que es poder y carencia a la vez. Me explicaré, antes de que aumenten los malentendidos. Resulta que tengo la extraña condición, por así decirlo, de concentrar todos mis órganos sensitivo-emocionales (incluido los sexuales) exactamente en el centro de mis pupilas. Esto quiere decir, según el diccionario que en una ocasión consulté antes de ser escrito, que mis emociones se concentran en la abertura central del iris de la parte posterior de mis ojos y según mi Doctor es “una desviación médicamente inexplicable de las funciones emocionales”. No se extrañarán si les digo que muchas son las veces en que, presa de un complejo, he tenido que usar gafas de sol para preservar mis sentimientos, incluso antifaces y pañuelos oscuros, pues al mínimo contacto visual y, sin quererlo, los vellos de los brazos se me erizan y siento como si me pellizcaran por dentro, como una extraña mezcla de frío y calor que me recorre la espina dorsal y que acaba con una ligera descarga eléctrica a la altura de la nuca. Es algo agotador cuando le pasa a uno tantas veces al día.
Claro que al principio yo también le saqué partido, se lo que están pensando. Exploté esa faceta de “hombre sensible” que se enamora como quien respira, de “amante del amor” y “enamorado de las mujeres” como suelen llamarse todos los caraduras, pero eso me cansó pronto, muy pronto. La revelación vino el día de mi tierna juventud, cuando me di cuenta de que yo no obtenía el placer digamos, más puramente físico, haciendo el amor como acostumbran a realizarlo los demás, sino a través de mis ojos. Aún me temo que el descubrimiento supuso una decepción para la chica en cuestión, pero eso era por mi inexperiencia, más que por falta de hombría, bravura y por supuesto técnica.

Para mí, el contacto entre cuerpos propio del sexo, debía serlo entre miradas y la conexión entre personas, mucho mayor que un mero intercambio de fluidos corporales. Para mí, la eyaculación es el llanto. Ese es el placer supremo. Es la manifestación física de una emoción muy intensa, ya sea positiva o negativa. Siempre me ha dado vergüenza llorar en público, pero por razones diferentes a las del común de los mortales. Un parpadeo puede ser de muchos tipos y querer expresar diferentes emociones: deseo, timidez, azoramiento, reto, rechazo, cualquier cosa, sin olvidar otros factores como la interacción con la pestaña y su longitud, el grado de humedad de los ojos (se dice que los ojos brillantes son signo de lujuria, pero también pueden serlo de ebriedad o somnolencia.) y otros factores y tecnicismos en los que no voy a entrar.

Y es que si nos fijamos, las relaciones (visuales) que yo mantengo con mujeres, no son, como dirían algunos malintencionados, propias de un voyeur o un onanista desquiciado, sino que hay una conciencia mutua y un consentimiento de ambas partes. Las miradas nunca engañan, en eso se diferencian de las palabras. Seguro que todos ustedes saben cuando les miran por la calle con deseo, con odio, con curiosidad o con simple indiferencia. Nunca he sabido el nombre de mis amantes porque nunca hablé con ellas, al menos no con palabras físicas de esas que se lleva el viento. Una sola mirada sincera, directa a tus ojos, te dice mucho más que cualquier disquisición racional que pueda hacer tu cerebro. Siempre he creído en la rotundidad de las miradas, en su irrefutabilidad. Supongo que si no lo creyera vería mi vida como un fracaso, como un viaje recorrido en la dirección equivocada.

De hecho, he llegado a clasificar a las personas por el grado de apertura de los párpados. Así, una mujer con los ojos abiertos de par en par me resulta agresiva, demasiado ansiosa de miradas lúbricas. Igualmente, las mujeres orientales o de ojos rasgados acaban por ser fieras incontrolables en la cama a la hora de abrir sus bellos ojos, tras siglos de abstinencia por tenerlos cerrados.

Es cierto que hay mujeres (las menos, para que negarlo) que apartan la mirada o se hacen las despistadas, como si creyeran que con eso se libran de mi poderoso influjo, que en realidad trasciende del mero contacto visual. Si, ya sé, muchos dirán que soy un loco, un iluso cagón que no sabe hablarles a las mujeres, un escuchimizado voyeur sin personalidad que no sabe seducirlas y engatusarlas. Nada más cerca de la realidad. Están en lo cierto. Pero al menos soy un escuchimizado con miles de amantes, todas ellas satisfechas de pura ignorancia. Y nunca he tenido un parpadeo en falso.

Puedo recordar nítidamente mi auténtica primera vez, la primera mirada sexual correspondida. Yo tendría unos doce años y comíamos en casa de mis abuelos, con toda la familia. Tenía una tía que rondaría los cuarenta, rubia y con curvas rotundas, una revolución para mis hormonas ya revueltas de por si. Después de comer, mientras todos echaban la siesta, ella fue al cuarto de baño. Yo la seguí para espiarla con sigilo y miré a través de la puerta, que al ser vieja no cerraba del todo. Se bajó las bragas negras y se sentó sobre la taza. No le veía nada, pero iba a estallar y desperdigar mis hormonas por la casa. Ella posó su mirada sobre mí, acertando con una exactitud extraña, como si hubiera calculado de antemano donde quedaban mis ojos en el conjunto de su campo visual. Al principio me retiré, asustado de que me hubiera descubierto y fuera a regañarme. Pero cuando volví, ella seguía mirando y en su mirada no había signos de rencor; más bien era una mezcla de calidez, excitación, protección y alivio. Los dos nos aguantamos la mirada, en silencio y sin parpadear, como un duelo en el que uno no se juega la vida, sino el placer, que a fin de cuentas es lo mismo. En ese momento se dilataron por primera vez mis pupilas.


FIN

Tuesday, August 26, 2008

ODA A UNA VIEJA LAVADORA DESCOMPENSADA

Tan sólo dos días antes de su muerte
Hizo su último lavado en frío,
Era una carga de ropa desordenada,
Toda blanca o tal vez amarillenta,
Amontonada.

Ella hizo su trabajo sin rechistar
E incluso soltó cargas de agua
Como no soltaba años atrás.

Pero ahora era una vieja lavadora descompensada,
Vacía y seca, oxidada hasta su tuétano de metal,
Olvidada entre bloques de chatarra
Retorcida, aparentemente inerte
Aparentemente calma.

La vieja lavadora de metal
Se reconcomía en lo más profundo de su tambor, pensando
En el alegra día en que completó su esquema
En la cadena de montaje.

Y recordaba el olor a plástico y a cartón,
Al ser empaquetada.

Ahora su función no era la de lavar –reflexionaba-
Sino la de ensuciar el paisaje, menuda contrariedad.
Rodeada de vulgares neumáticos y grasas y astillas.
Condenada
A mirar el horizonte de basura, por siempre.

Y todo por estar descompensada, el peor diagnóstico
Que te puede dar el hombre de azul
El pasaporte directo al cementerio.
“Nunca me lo imaginé así”
Dijo al llegar.

Lo que más le costaba soportar era cuando las ratas
Se paseaban por sus entrañas
Tal vez incluso mordisqueando indiscriminadamente
Sus pocos cables intactos.

Algunas noches se quedaban
A dormir en el tambor.

Saturday, August 23, 2008

GENIALIDAD, BONDAD Y LOCURA

Hace unos cuantos años, me sorprendió una frase que leí en una revista de cine, lo cual no es sorprendente (no que me sorprendiera, sino que yo leyera una revista de cine). Creo que me he liado un poco, pero bueno, la frase era de Joe Pesci y hacía referencia al rodaje de "JFK", dirigida por Oliver Stone. Era así de contundente: "Oliver Stone es un genio como director y un hijo de puta como persona". Siempre me intrigó y me llevó varias preguntas: ¿Hace falta ser un hijo de puta para ser bueno? ¿Son todos los grandes artistas insoportables como personas? ¿Es sólo aplicable al mundo del cine? ¿Es una condición "sine qua non"? Esta claro que como director que esta al frente de un equipo de tal vez un centenar de personas hay que tener buenas dotes de liderazgo, las cosas claras y ser enérgico, pero...¿Hace falta ser mala persona? Muchas son las historias de directores que han manipulado, por decirlo de una forma delicada, a sus estrellas para conseguir lo que querían. ¿Porqué pensamos que cuando nos gusta un artista nos tiene que caer bien como persona? Por ejemplo, mucha gente ha rechazado a Michael Jackson, a raiz de su su supuesta pederastia, pero ninguna de sus canciones ha dejado de ser buena desde entonces. No creo que a muchas personas les gustara relacionarse con un tipo inestable que se automutila (Van Gogh), con un misógino arrogante más bien rijoso (Hitchcock) o con un tristón con tendencia al suicidio (Goethe), por poner algunos ejemplos. Sin embargo nadie quiere privarse de un sólo plano magistral de la magistral "Vértigo", ni dejar de ver los geniales azules de la "Noche estrellada" de Van Gogh (ver arriba) o el "Werther" de Goethe. Claro que esto nos lleva a otro concepto, el de la locura...¿Realmente hace falta estar loco y atormentado para ser un genio? ¿Es que nuestra sociedad no concibe una genialidad sin sufrimiento? ¿A qué viene esa frase de que un escritor sólo escribe cuando lo pasa mal? ¿Es imposible llegar a la categoría de genio si se es feliz y más o menos equilibrado? En fin, demasiadas preguntas, lo sé, pero es que yo soy así...escribo para intentar entender las cosas y aunque no siempre resulte, me da cierta calma.

Wednesday, August 20, 2008

HOMENAJE

A esta hora, toda España esta conmocionada con lo que ha sucedido en Barajas. A mí personalmente me ha afectado más que los atentados del 11-M. Primero me emocioné al saber que había dos bebés en el pasaje. Temendo. El resto de personas ha vivido, ha sabido lo que es el amor(o el odio), ha visto cosas, pero los bebés no han tenido esa oportunidad. Se han ido antes de empezar a vivir. La otra cara de la moneda; hace unos minutos me ha llamado Darío, que esta en Valleseco, Canarias y me ha contado que una joven de allí que estaba en el avión, ha salido ilesa. Los que no hayan muerto hoy, sin duda alguna han vuelto a nacer.
He seguido la noticia a través de la Cadena Ser, me gusta la inmediatez de la radio. Ha habido un momento que me ha hecho llorar. La presentadora entrevistaba a uno de los bomberos que había socorrido a las víctimas. El hombre, aunque trataba de mantener la compostura, tenía la voz rota tras el horror que había presenciado. Contaba la cantidad de gente que no había podido salvar. Pero lo realmente emotivo, lo más humano, ha sido cuando la presentadora le decía que se quedara con la gente que SI había podido rescatar. Ahí ya no eran entrevistadora y entrevistado, eran un ser humano tratando de darle consuelo a otro. La propia presentadora se ha emocionado y no es para menos.
Este tipo de catástrofes han de servirnos para recordar lo frágiles que somos, pero también lo afortunados que podemos ser los que no sufrimos desgracias así. En este tipo de momentos nuestras preocupaciones cotidianas parecen (y lo son) absurdas, nimias, estúpidas en comparación con algo tan irreparable como la muerte. Es increíble lo rápido e inesperadamente que se puede perder la vida. Lo cual nos debe servir para agarrarnos a ella y amarla por encima de todas las cosas. He sentido la necesidad de escribir esta entrada, a modo de modesto y si se quiere, insignificante homenaje a víctimas, familiares y amigos.

Tuesday, August 05, 2008

CURIANA BONITA

Al entrar en el videoclub como todas las tardes, me estaba esperando. La ví y ella me miró. Me miraba directamente a los ojos, agitando sus antenas, danzando con sus patitas, la muy hija de puta. Parecía decirme: "Aquí estoy, llevo todo el día aburrida, comiendo mierda y esperando para causar repulsión a algún humano. Mi especialidades son la aparición inesperada, pasearme por tu piel, con el consiguiente cosquilleo (que da mucha grima) o mi truco estrella: posarme volando -porque alas también tengo- en tu cabeza, lo cual ya es la rehostia de aterrador." Todo eso parecía decir con su inexpresiva mirada.
Yo llevaba semanas practicando una activa guerra bacteriológica contra sus compañeras. Los mejores días, tras rociar con napalm a diestro y siniestro, el campo de batalla aparecía sembrado de unos quinces cadáveres de diferentes tamaños pero idéntica hediondez, si es que puede aplicarse semejante adjetivo en este caso. Mientras escribo estas líneas -lo juro- parece que mis no deseadas compañeras se dan por aludidas, pues están apareciendo entre los papeles, acercándose a la pantalla para ver que digo sobre ellas. Algunas son minúsculas, neonatas, condenadas a morir. Yo, intolerante y (¿Porqué no decirlo?) cagón, respondo con una ofensiva de insecticida que si no las mata por el veneno, lo hará al menos por ahogamiento, dada la ingente cantidad que vierto.
Ultimo informe: La situación es desesperada, al abrir una carátula, una criatura del averno ha salido de su interior. Esto es increíble... ¿Como ha podido entrar? ¿Serán cucarachas con poder de teletransportación? o lo que es peor... ¿Habrá nacido al abrigo de un DVD?
Porque...¿Qué extraño motivo pudo tener el creador cuando decidió incluir en este casi siempre hermoso universo un ser tan nauseabundo y repugnante, de vida en apariencia tan inútil, cuya esencia y apariencia no puede menos que causar rechazo y desaprobación? ¿Porqué existen las cucarachas? ¿Para qué?
Me las imagino cuando yo no estoy, campando a sus anchas por el videoclub, paseándose por encima de Kiarostami o Greenaway, festejando mi ausencia sobre Godard o defecando sobre Angelopoulos (lo cual es un gesto muy simbólico, y de agradecer) El único consuelo que me queda es que al menos, estas son cucarachas cinéfilas.

Saturday, August 02, 2008

FRANKENSTEIN

"¿Porqué presume el hombre de una sensibilidad mayor a la de las bestias cuando esto sólo consigue convertirlos en seres más necesitados? Si nuestros instintos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres. Pero nos conmueve cada viento que sopla, cada palabra al azar, cada imagen que esa misma palabra nos evoca."


"Frankenstein", de Mary Shelley

Tuesday, July 29, 2008

LA AVENTURA

Yo no había estado en la gestación del plan. Joaquín, Piwy y Luis María habían descubierto el día anterior un edificio abandonado en el que colarnos. La aventura ideal para un grupo de mocosos de catorce años. Creo que Luis Caracena también estaba por allí pero se rajó a última hora. El punto de partida fue el chalet de Joaquín, que por cierto merece un capítulo aparte. Me parece que nos llevamos una barra metálica, ignoro con que propósito. Y así, como un grupo de expedicionarios que se dirigen al polo norte, nos encaminamos hacia nuestro destino. El edificio se encontraba en la carretera del puerto y era un antiguo complejo de oficinas de astilleros. Algunas de las ventanas estaban tapiadas. La entrada principal, amplia como la de un cine o una sala de teatro, estaba clausurada con una reja. Por suerte nuestros cuerpos aún eran púberes y pudimos introducirnos entre los huecos. En el interior un amplio vestíbulo daba paso a unas enormes escaleras que se bifurcaban a izquierda y derecha. La luz de primera hora de la tarde entraba por las ventanas. Había en al aíre partículas de polvo en suspensión. A lo lejos, pero dentro de la casa, se oía el ladrido de un perro. Durante un rato nos acojonamos, pensando que el perro iba atacarnos, hasta que comprobamos que estaba encerrado en una habitación. Mi memoria me hace pensar que en un principio dejamos de lado este sector, puede que sencillamente se me haya desordenado la secuencia de los hechos. De alguna forma accedimos a un patio que daba paso a una fábrica anexa, igualmente abandonada. Recuerdo que, en una inmensa explanada, había montones de una extraña sustancia blanca que recogimos en un tarro. Entramos en una nave en la que había taquillas abandonadas, con recortes amarillentos de revistas pornográficas, que por supuesto requisamos con gran ansiedad. Esos recortes, que puedo rememorar con claridad, fueron fuente de inspiración de mis primeras experiencias onanistas. Eran de revistas ochenteras. El ambiente era industrial y de una irrealidad deliciosa.

Pero lo realmente interesante vino en el edificio. A la izquierda había una habitación enmoquetada en verde, con paredes de madera y una chimenea. Parecía muy elegante y probablemente fuera el despacho de algún directivo en sus tiempos, pero esta es una conclusión a la que llego ahora. Había grandes volúmenes con los que pensamos hacer una hoguera, pero no llegamos a hacerlo. Creo que Piwy encontró un plumero y tuvo la genial idea de prenderle fuego, lo que provocó una espesa humareda. El perro ladraba con más insistencia. Poco a poco nos íbamos sintiendo relajados, como niños en un parque de atracciones. Sentíamos una excitación enorme; teníamos para nosotros un edificio entero en el que jugar, claro que en ese momento el juego estaba directamente relacionado con la destrucción. Subimos a la planta de arriba. Una sala que había sido oficina, con mesas y archivadores metálicos, se presentaba ante nosotros. Joaquín encontró un mono de astilleros y se lo puso. Tiramos armarios y carpetas por las ventanas. Puede que rompiéramos algún cristal, con su correspondiente estruendo. Estábamos borrachos de destrucción, totalmente idos. Cuando nos cansamos de romper cosas y de investigar, bajamos las escaleras, dispuestos a marcharnos. Miramos entre las rejas y vimos que había un par de policías enfrente del edificio, que lógicamente no había podido acceder por donde nosotros si habíamos podido. Las alarmas se activaron en nuestro interior. La policía nos estaba siguiendo. Nos dimos la vuelta, buscando por donde escapar. Nos metimos en el despacho elegante y saltamos por una ventana que tenía cierta altura. La situación se había convertido en una película, nuestra particular versión de “Cuenta conmigo”. Nunca he sentido tanta adrenalina. Dimos a un patio, subimos por unas cajas y saltamos el muro que daba a la carretera del puerto. Por un momento nos creímos a salvo. Andamos un rato, fatigados por la carrera. Entonces alguien vio como una furgoneta de policía hacía un derrape y se dirigía hacia nosotros. Vuelve el pánico. Entonces nos subdividimos, sin ninguna premeditación, claro. Piwy y Luis María continuaron por la acera, seguramente acelerando el paso. Joaquín y yo optamos por escalar el muro que daba a la vía del tren. El muro era altísimo y en otras circunstancias nunca lo hubiéramos subido. Fue el miedo y la adrenalina la que nos hizo trepar como lagartijas. Al llegar al otro lado, la propietaria de una casa junto a la vía nos echó la bronca, pero eso no era nada comparado con la policía. Desde ese momento Joaquín y yo establecimos una conexión especial. Caminamos junto a la vía como dos fugitivos -que lo éramos- y llegamos hasta la estación. Allí, probablemente influenciados por la cantidad de películas que habíamos visto, nos metimos en los cuartos de baño, nos refrescamos y nos lavamos un poco, tal vez para que la suciedad no nos delatara. Luego volvimos andando por la Avenida y nos metimos en una cafetería como dos prófugos que entran en una destartalada cafetería del desierto, sólo que nosotros pedimos un vaso de agua en lugar de un bourbon. No se si vagamos durante un rato hasta que fuimos a casa de Piwy, que ya estaba allí. Nos contó que efectivamente los habían pillado a los dos, que algún vecino había llamado a la policía alarmado por los ruidos, que les habían pedido los nombres y los habían registrado, encontrando los recortes porno, lo cual provocó gran hilaridad entre los agentes. También admiraron nuestra capacidad para trepar muros, lo cual nos llenó de satisfacción. Creo que al preguntarles nuestros nombres se los dieron algo modificados. Durante varios días algo se movía en mi interior cada vez que me cruzaba con un coche de policía.

Thursday, July 17, 2008

RELATO REFLEJADO

Anoche miré por mi ventana y vi otra ventana a través de la cual se adivinaba un televisor como el mío, sólo que más grande y en otro canal, con otros colores. Pensé que no había diferencia alguna entre esa casa y la mía, salvo por cosas superficiales como la magnitud de los objetos o el hecho de que ellos tuvieran balcón, con macetas que se veían en la distancia como pequeñas cabezas amenazadoras. Pensé también que en esa casa, reflejo de la mía, podría haber alguien escribiendo un pequeño relato sobre alguien como yo. Ese alguien mira por su ventana y ve la débil luz que despide mi salón y fantasea con unas vidas que no son las nuestras pero que podrían haberlo sido. Mira por la ventana y ve nuestras sombras en la pared, no nos ve a nosotros. Nos ve como podríamos haber sido o como seríamos si no fuésemos nosotros. Tal vez algún día me encuentre a esa persona por la calle y de alguna forma la reconozca, seguramente por el contorno desdibujado de su silueta. O puede que sea exactamente igual que yo, solo que otra persona y por lo tanto, muy diferente. Sería como si no me reconociera a mí mismo, como quedarse hechizado frente al espejo preguntándose quien te mira desde el otro lado. Probablemente no nos saludaríamos pero nos corresponderíamos con miradas de reconocimiento silencioso.
Luego podríamos seguir con nuestras vidas reflejadas.

Saturday, July 12, 2008

TIPOLOGÍA DEL VIDEOCLUBBER LETAMENDIS


Una vez de vuelta al páramo desértico de Sevilla, donde todo adquiere el aspecto aceitoso y ondulado de un espejismo traidor, no tengo más remedio que acogerme al bálsamo de la escritura. Y ya que me quedan horas de videoclub por delante he decidido glosar los tipos de clientes que pasan por aquí, que a su vez no tienen más remedio que entregarse al bálsamo de la ficción mientras aguardan la eterna promesa de la playa.

-Cliente mudo: Una clase de cliente muy numerosa, tan entrañable como friki. Entran en el videoclub y se parapetan tras alguna estantería, escondiendo la cabeza entre las pilas de carátulas como un avestruz esconde la cabeza bajo la tierra. Suelen demorar su elección y cuando por fin se deciden y llegan a mí, procuran no desperdiciar palabras.


-Clientes indecisos: Estos clientes vienen sin saber lo que quieren. Tras pasear sin rumbo por el local, hacen acopio de valor y me piden consejo. Yo suelo darles varias opciones, con comentarios cinéfilos incluidos. En ese momento algún extraño mecanismo se activa en su cerebro y les aconseja a su vez no hacerme ningún caso, por lo que al final se acaban llevando algo totalmente diferente a lo que yo he recomendado, lo que les da la gana, dicho de otra forma. Seguramente necesitan de mi opinión para descubrir que realmente ya tenían una.


-El No-cliente: Una categoría realmente curiosa y atípica. Individuos que pasaban por allí, que no tienen ninguna intención de alquilar una película, pero tampoco un rumbo claro ni otro lugar en el que dejarse caer. Suelen aparecer con botellines en la mano y dan vueltas por el local buscando las miradas de la gente como si se encontraran en algún after o antro mañanero. Hacen comentarios impertinentes o buscan películas raras, aunque no las vayan a alquilar.


-Cliente parlante: Una subclase no tan numerosa como pudiera parecer. Algunos juran que ya no se hacen películas como las de antes o que concretamente no se hace ninguna película buena desde el 80, a lo que contesto citando alguna película de Tarantino o de los Coen, pero algo me dice que tienen parte de razón.


-Cliente invisible: Dícese de aquel que (no) aparece un sábado de julio a las 17:30 de la tarde.


Friday, June 27, 2008

PARAISOS ARTIFICIALES

De pequeño una de las cosas que más me fascinaban eran las atracciones de feria. Y no hablo de montañas rusas (que me daban un respeto considerable) ni de los coches de choque, tan divertidos pero tan poco intrigantes. Me refiero a ese tipo de atracción en la que normalmente ibas en una barca o cochecito, en la que recorrías un itinerario fantástico, ya fuera una casa del terror o una selva frondosa. Me hipnotizaba el entramado de engranajes que se ocultaba bajo el agua o detrás de una roca de cartón piedra. Eran paraisos artificiales, en cierto modo como efectos especiales, viajes a lo desconocido para mi fantasiosa mente infantil , una ilusión con aspecto de realidad. Películas.
Recuerdo dos que me impactaron especialmente, en el parque de atracciones de Madrid. La primera de ellas era un viaje a la prehistoria que se hacía en una balsa de troncos de "madera". Había dinosaurios mecánicos con sus correspondientes sonidos amenazantes, austrolopitecus varios haciendo fuegos y otras criaturas enclavados en un paraje rocoso, irreal. En un momento del recorrido una roca parecía caerse sobre la balsa, hasta que en el último instante se detenía. Es difícil describir la sensación que me provocaba estar allí, a medio camino entre el miedo y la fascinación. La segunda creo recordar que se llamaba "El libro de la selva" y en otra barcaza recorrías una jungla bastante creíble, emergían cocodrilos mecanizados del agua, los elefantes expedían grandes chorros de agua y los monos saltaban de rama en rama. Yo siempre miraba al agua, intrigado por saber que mecanismos se ocultarían bajo la superficie. Según me han dicho, ninguna de estas atracciones existen hoy...

Saturday, June 07, 2008

PLACIDEZ

Con esta foto inicio una serie de instantáneas gaditas que me parecen curiosas. Resulta que la semana pasada me puse a hacer fotitos en Cai como si fuera un guiri más. Me dediqué a pasear por la playa y el Paseo Marítimo con la intención de no caer en las típicas fotos de grupo o familiares, sino de recoger el ambiente o si se quiere, el alma de la ciudad. (Que pretencioso me he puesto) En cualquier caso el resultado me sorprendió, y no porque yo sea un gran fotógrafo, sino porque Cádiz es una ciudad muy fotografiable, con ese azul intenso de cielo que, cuentan las leyendas, da nombre a un color específico de pintura.
Lunes 2 de Junio de 2008. 12:30 de la mañana. La playa de Cádiz comienza a vestirse de verano. Hace un día estupendo, con el cielo claro y la atmósfera limpia. Pero al ser día laborable, no hay mucha gente: corredores, unos cuantos turistas adelantados y algún que otro chaval escaqueado del colegio. Los operarios empiezan a instalar casetas y otro mobiliario. Este hombre, unos sesenta y tantos, pecho lobo, cadena de oro al cuello, duerme una plácida siesta mañanera, también conocida como la siesta del cordero, mientras el sol tuesta su piel. Tal vez no había podido dormir por la noche, encontrando sólo la placidez necesaria tumbado en la arena, abandonado al sueño. Puede que ya estuviera jubilado y aunque al principio no supiera que hacer con tanto tiempo libre, un día decidió que pasear por la playa todas las mañanas podía ser una buena idea. O puede que se hubiera marchado de casa para quitarse de enmedio, visto que el panorama doméstico no era muy halagueño. Por la postura casi parece un naúfrago arrastrado por la corriente y depositado en la arena como un fardo, con las piernas desmadejadas. Pero daba una envidiable sensación de paz, como cuando ves dormir a un bebé y recuerdas lo puro y revitalizador que era ese sueño. Claro que todo esto sólo son suposiciones.